domingo, 26 de noviembre de 2017

El gobierno mexicano tiene miedo a la delincuencia

Ustedes recordarán una charla entre Donald Trump y Peña Nieto, en que aquél le dijo a éste que si el Gobierno mexicano no podía enfrentar a la delincuencia organizada, ellos (los estadounidenses) podían hacerse cargo, ya que ellos no tenían miedo.

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Esto desató una polémica aquí en México, y no se podía creer cómo el presidente Peña podía mostrarse tan cobarde y timorato frente a Trump. Pero más allá de esto, veamos el asunto por otro lado. Hace unos días Carmen Aristegui en su noticiero online, presentó un reportaje relacionado con el crímen organizado que había tomado el control total del estado de Cohauila. Se presentó un video donde Ariel Dulitzky dijo literalmente que las autoridades de seguirdad mexicanas de ese estado habían declarado que no podían entrar a buscar desaparecidos a ciertas zonas porque eran muy peligrosas.

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Por más que la figura de Donald Trump parezca chocante y desagradable, hay que admitir que algo hay de razón en la conversación que tuvo con Peña Nieto en esa ocasión, a saber, que el Gobierno mexicano es débil, y que en vez de perseguir a la delincuencia hasta el fin del mundo para presentar a los culpables ante la Justicia, prefiere dar la vuelta de regreso justo en la esquina, donde la calle ya no tiene luz y comienza a verse medio feo.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Mi perro muerto

Alrededor de las dos de la tarde del viernes pasado entré a la sala, volví la vista a mi izquierda y encontré a mi perra acostada en su cama junto al sofá. Llevaba ahí postrada casi un mes completo.

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Inmediatamente entré a la cocina y me preparé algo de comer. Al regresar a la sala-comedor mi perra alzó su débil cabeza y me vió, como poniendo atención en lo que yo hacía. Fui directo a encontrarla y darle unas palmaditas en su cabeza flaca, carcomida por la enfermedad. "Hola", le dije, y ella, como habiendo obtenido lo que deseaba, posó su cabeza nuevamente en la cama.

La dejé descansar y regresé a comer. Al terminar volví con Guagüita, mi perra de trece años de edad. Acaricié su cabeza otra vez y me di cuenta que sus ojos no parpadeaban más. Seguía viva, respiraba aún, pero sus ojos habían dejado de moverse.

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Casi toda la familia alcanzó a despedirse de ella mientras aún vivía. Cinco horas después finalmente se apagó la luz de sus ojos, y no volvió a respirar más. No la vi morir, yo llegué poco después, encontrándola sobre su cama, húmeda por la sangre enferma que su estómago devolvió antes de fallecer.

Ahora yo pienso, quiero pensar, que Guagüita se despidió de mí cuando ese día yo fui a comer y ella levantó su cabeza para mirarme. "Adiós", me dijo; y yo, sin saberlo, le contesté: "Adiós, adiós", con esas palmadas que le di en su cabeza de abuelita.

Yo aún no tengo muertos, personas quiero decir. Pero la muerte de mi perra me conmovió terriblemente...